Nº 124/c: Elegir la hora

Esta columna nace con la intención de educar y enseñar, a las gentes más torpes, como vivir de puta madre sin mucho esfuerzo. Una serie de columnas, escritas por diversos autores (espero), permitirán a nuestros fieles lectores (que ya se cuentan con los dedos de una mano) avanzar rápidamente en su camino hacia la felicidad.

Hoy vamos a explicar como elige un señor la hora a la que llega a los sitios y la hora a la que se va. Hemos de tener en cuenta que, a pesar de que es más importante ser un señor que parecerlo, no debemos dejar de recordar a nuestros contemporáneos nuestra elevada categoría.

Una de las maneras más sencillas de averigüar que tipo de persona es algún conocido nuestro es comprobar la puntualidad (o impuntualidad) con la que acude a sus citas. Una persona de caracter débil y, quizás afable,  procurará llegar a la hora en punto (se conocen casos patológicos de puntualidad consistentes en llegar media hora antes a toda cita que le involucre). En cambio otra, de caracter más egoísta o despreocupado, tenderá a llegar siempre 10-20 minutos más tarde de la hora concertada, por simple desidia a la hora de calcular el tiempo necesario para acudir a tiempo. Es curioso comprobar como muchas clases (o grupos de gente auto-englobadas en colectivos con intereses y costumbres afines) tienen la estúpida creencia de que llegar siempre puntuales o bien siempre tarde les eleva por encima del resto, sin darse cuenta de que este comportamiento solo les hunde aún más en el triste grupo de los no-señores o “personas sin gracia, aire, donaire, estilo, cultura de lo importante ni sentido de la dignidad señorial”

Sin embargo, un señor no llega tarde ni temprano; simplemente llega cuando debe llegar, a su hora (1). Por ello, un señor jamás fijará una hora concreta para quedar (aunque si un lugar), pues  siempre llegará en el momento idóneo para ejecutar con perfección el horario planeado para dicha cita.

Ya hemos visto como la hora de llegada puede destacar a un señor sobre la pobre clase media, ahora veremos como puede distinguirse a la hora de irse. En muchas reuniones sociales de caracter multitudinario, es complicado elegir la hora a la que retirarse de manera elegante: bodas, reuniones familiares varias, cenas, fiestas en domicilios ajenos o discotecas… Sea cual sea la ocasión, un señor abandonará siempre el evento a la hora precisa. Abandonar antes suele ser muestra de una homosexualidad latente, que debe combatirse con todos los medios de la persona afectada y su entorno (a menos que sea, de hecho, homosexual). Por contra, esperar a que el anfintrión del evento tenga que despedirnos para marcharnos es símbolo de haber alcanzado el último escalón social y cultural, el de los conocidos entre la gente de a pie como “acabaos”. Es por ello que debemos alejarnos de estas lacras sociales (maricones y acabaos) e intentar acercar lo más posible nuestra hora de marcha a la de los señores que tengamos cerca.

Es importante que aclarar que el momento justo en que el señor llevaa cabo su entrada  o su despedida puede coincidir con el de gente de menor categoría. Un señor y un acabo pueden salir de una discoteca a la misma hora, pero esto no convierte al señor en acabao ni al acabao en señor. Significa que, por un momento, el acabao ha sabido escoger el momento ideal de abandonar el lugar (seguramente, copiando el comportamiento del señor); o por que esa noche, la hora justa de recogerse (que tan bien saben calibrar los señores) coincidiría con la hora de cierre del local (momento que normalmente espera el acabao para marcharse)

También debemos aclarar que un señor no puede adelantar cuál será el momento idonéo para algo. Le resulta imposible quedar con otras personas que no compartan su condición, calculando (término algo burdo para explicar el fenómeno)  una hora concreta con antelación. Un señor sabe que el momento es adecuado cuando este llega (2).

Aquí acaba esta nueva lección vital, espero que siga siendo del agrado del lector y que pueda ayudarle a mejorar su triste y ‘class-less life’, que diría un señor inglés (en caso de que hubiera alguno, caso que como veremos en futuras entregas, aún no se ha producido)

(1) Esta característica aparece también en los magos, pero es competencia de esta columna el hablar de estos poderosos seres (entre otros motivos, por miedo a las represalias de un comentario poco afortunado por mi parte)

(2) Como dijo el ya famoso señor, Juan el del kiosko: ‘Un señor puede decir “ahora”, pero jamás podrá decir “dentro de 20 minutos” ‘.

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1 Response to “Nº 124/c: Elegir la hora”


  1. 1 KaiDohMaru enero 26, 2009 en 6:53 pm

    Bueno, ni que decir que… yo soy una señora. Y que como siempre, me parece muy acertado esto aunque discrepase en algún punto tan solo lo haría por la variedad logística del asunto a tratar.
    Lo dicho, enlace a Chorriputilandia, donde mis dominios acrecentan mi poder hasta llevarlo a extremos infinitos.


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