Billy Wilder (segunda parte)

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Billy Wilder no sólo fue un enorme cineasta, sino que además dejó por esos pagos de Dios una innumerable cantidad de citas célebres, que constituyen toda una filosofía de la vida y la sociedad, lo que viene a confirmar que no es exagerado, en absoluto, hablar de auténtico genio cuando a él nos referimos. Su personalidad le impidió permanecer callado y, ya en su cine, ya en su labia, arremetió contra todo lo que consideró injusto, con esa dureza cómica que tanto le gustaba y que tanto nos gusta.    images1

Vocación “Recuerdo perfectamente el día en el que dedicí ser director. Fue cuando vi una    película cuyo guión había escrito para la UFA. En la película salía un club nocturno que tenía un gran cartel en el exterior: “Es obligatorio llevar zapatos y corbata”. Había dos porteros que miraban a las personas que entraban para ver si vestían correctamente. En uno de los gags que escribí, un hombre llevaba una barba larga; el portero lo para y mira debajo de la barba para asegurarse de que lleva corbata. Cuando fui a ver la película, me encontré con que el director le había puesto a ese actor una perilla; ya no había una barba que levantar para mirar debajo. El director conservó el chiste porque creyó que seguiría siendo divertido; pero ya no tenía gracia. Así que dije: “Hasta aquí hemos llegado”.
Censura. “Teníamos que ser muy ingeniosos para burlar a la censura y esto nos obligaba a escribir con más sutileza. No estaba permitido que un personaje dijera ni siquiera una insignificante palabrota. Una vez, a Charlie Brackett (su coguionista favorito) y a mí se nos ocurrió este sustitutivo: “Si tuvieras madre, ella ladraría”. No se podía ver en una película a un hombre haciendo el amor a una mujer con la que no estaba casado. Así que el problema era cómo mostrar a ese hombre y a esa mujer haciendo el amor. Alguien lo resolvió con una parte en la que la criada hace la cama del hombre a la mañana siguiente y sobre la almohada encuentra una horquilla. Hoy en día vas a ver una película y ya hay un coito mientras aparece el título. A veces desearía que existiera la censura, porque se nos ha esfumado el juego sagaz que manteníamos con ella”.
Malos tiempos. “Es muy difícil encontrar un proyecto que me interese y que a la vez tenga probabilidades en el mercado de hoy… Ahora el público mayoritario es menor de 25 años y carece de tradición literaria. Prefieren la violencia estúpida a una trama sólida; los garabatos, a un diálogo inteligente; el desarrollo pectoral, al desarrollo de los personajes. Nadie escucha, sólo se sientan y esperan que les asalten una serie de sobresaltos y sensaciones fuertes. Son malos tiempos”.
Retiro. “Nunca me retiraré. Tendrán que quitarme la cámara para que deje de hacer películas. Moriré haciendo películas. Renoir pintaba incluso cuando tenían que atarle un pincel a los dedos artríticos”.
Guión. “Lo más importante es tener un buen guión. Los cineastas no son alquimistas. No se puede convertir los excrementos de gallina en chocolate”.
Apariencias. “Normalmente, cuando te encuentras con una persona que parece insignificante y que no llama la atención se dice: detrás de esa fachada, hay más de lo que parece. En mi caso sucede lo contrario: detrás de mi apariencia hay menos de lo que parece”.
Oficio. “Un director tiene que ser a la vez policía, comadrona, sicoanalista, adulador y bastardo”.
Televisión. “La televisión es lo más maravilloso que podía habernos sucedido a los directores de cine. Siempre hemos sido lo más bajo de lo bajo, pero ahora han inventado algo a lo que podemos mirar desde arriba”.
Exilio. “El exilio no fue idea mía, sino de Hitler”.
Inmortalidad. “No tengo tiempo para considerarme un inmortal del arte. Hago películas sólo para entretener a la gente y las hago tan honradamente como puedo”.
Muerte. “Todos los días miro los obituarios de los periódicos y me fijo sobre todo en la edad del muerto. La mayoría es más joven que yo. Me asusto y pienso: a lo mejor se han olvidado de mí”. “Me gustaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar, in fraganti, con su joven esposa”.

Diez mandamientos. “Tengo 10 mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!. El décimo dice: tienes que tener derecho al montaje final de la película”.
Hitler y Beethoven. “Los austriacos han conseguido el malabarismo de convertir a Beethoven en austriaco y a Hitler en alemán”.
Hollywood. “Del mismo modo que todo el mundo odia a Estados Unidos, todo Estados Unidos odia a Hollywood. Existe el profundo prejuicio de que todos nosotros somos tipos superficiales que ganamos 10 mil dólares a la semana y que no pagamos impuestos; que nos tiramos a todas las chicas; que tenemos profesores en casa que dan clases a nuestros hijos de cómo subirse a los árboles; que cada uno de nosotros tiene 16 criados y que todos conducimos un Masseratti. Pues sí, todo esto es verdad. ¡Aunque se mueran de envidia!”.
Cine. “Si el cine consigue que un individuo olvide por dos segundos que no ha pagado la factura del gas o ha tenido una discusión con su jefe, entonces el cine ha alcanzado su objetivo”.
Prostitutas. “Las mujeres más interesantes en una película son las putas”.
“Cine-arte“. “Antonioni seguro que es un gran director, un gran artista. Pero en lo que a mí se refiere, soy incapaz de mantenerme despierto.”. “Comprendo sin dificultad por qué Jean Luc Godard ha podido por sí sólo exterminar varias empresas productoras”. “Sobre Ingmar Bergman debo decir que los críticos no tienen ni idea de lo que está diciendo, pero, pese a todo, los vuelve locos… Existe una asociación internacional de ese tipo de críticos, capaces de extasiarse ante el asno muerto de Jean Cocteau envuelto con telas encima de un piano”. “Pienso rodar algunas escenas fuera de foco… quiero ganarme el Oscar a la mejor película extranjera”.

Verdad. “Si quieres decirle a la gente la verdad, sé divertido o te matarán”.
Dirección. “El mejor director es el que no puedes ver”.
Halagos. “Dicen que no encajo en este mundo. Francamente, considero esos comentarios un halago. ¿Quién diablos quiere encajar en estos tiempos?”.
Auschwitz. “No tengo la menor idea de cómo ella terminó en el campo de Concentración. Sólo se que estuvo en Auschwitz porque todos los judíos de Viena, donde ella vivía, fueron enviados allí. Yo no supe que los nazis tenían campos de concentración. Ya sabes: Roosevelt no nos contó sobre eso”.
Colaboradores. “No es verdad que todos mis colaboradores forzosamente acaben dándose a la bebida. Algunos también se suicidan. ¡Yo no tengo infartos, los provoco!”.
Premios. “Habría preferido un Volkswagen” (tras recibir el Oso de Oro en el Festival de Berlín).
Cary Grant. ‘El era bueno, muy bueno. No se le escapaba una. Nunca tuvo el premio de la Academia. Le dieron un Oscar honorario, pero es una idiotez, porque los actores que suelen hacer de protagonistas, para obtener un premio tienen que cojear o hacer de retrasados. Nunca ven al tipo que se esfuerza al máximo y consigue que parezca fácil. No les basta con que abra un cajón con elegancia, saque una corbata y se ponga una chaqueta. ¡Hay que sacar una pistola! Hay que sufrir. Esas son las normas por las que se rigen los 4.500 miembros de la Academia”.
Humphrey Bogart. “Yo no le gustaba, porque en el comienzo de un rodaje nos juntamos en el camarín de William Holden a tomar unos martinis y olvidé invitarlo. Después, tuve que reescribir su papel y le llevé el guión con las nuevas escenas. El lo leyó y me dijo. “¿Qué edad tiene tu hija”. Siete años, le respondí. Y luego volvió a decir, casi gritando y esperando una carcajada de los demás: “¿Fue ella la que escribió esto?”. Nadie se rió, porque yo ya era un tipo viejo en la Paramount y todos estaban de mi lado. El sabía que yo prefería a Cary Grant y nunca me perdonó que no lo hubiese invitado a beber esos tragos. Luego supe que tenía cáncer y su mujer, Lauren Bacall, me dijo que él quería verme. Partí a visitarlo y él estuvo maravilloso, implorándome perdón. El último recuerdo que tengo de Bogart es que era un tipo estupendo, porque esa fue la forma en que lo vi al final. Era un buen actor, incluso mejor de lo que él mismo pensaba. Le gustaba hacer de héroe y al final, él mismo era uno de ellos”.
Hitchcock versus Spielberg. “Me aburro si hago siempre lo mismo. Admiro a Hitchcock; pero no podría trabajar como él, porque siempre hacía la misma película. Me dije: “Ahora voy a hacer una película mejor que Hitchcock” e hice Testigo de Cargo. Salto de un lado a otro, como una pieza de ajedrez, siempre con proyectos diferentes… Puedo hacer distintos tipos de películas. Spielberg hace lo mismo: después de rodar una película de dinosaurios, hace una de nazis”.

“Sobre la impuntualidad de Marilyn debo decir que tengo una vieja tía en Viena que estaría en el plató cada mañana a las seis y sería capaz de recitar los diálogos incluso al revés. Pero, ¿quién querría verla?… Además, mientras esperamos a Marilyn Monroe todo el equipo, no perdemos totalmente el tiempo… Yo, sin ir más lejos, tuve la oportunidad de leer Guerra y Paz y Los miserables.” “Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la Segunda Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena”. “Cuando rodé con ella la escena de la boca de ventilación del metro tenía la atención del mundo. Se reunieron veinte mil personas, hubo caos de circulación y una crisis matrimonial entre Joe DiMaggio y Marilyn. Reconozco que yo también me habría puesto nervioso si veinte mil personas hubieran estado observando una sola cosa: cómo mi mujer se levantaba las faldas por encima de la cabeza”.

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4 Responses to “Billy Wilder (segunda parte)”


  1. 1 Jorge diciembre 10, 2008 en 12:38 pm

    Muy interesante, pero quizás sea demasiado largo :p

  2. 2 Esquizombi diciembre 11, 2008 en 1:35 pm

    Mejor recomendar una película, ¿no?


  1. 1 El engendro mecánico » Blog Archive » 53 Uno, dos, tres Trackback en enero 28, 2009 en 8:37 am
  2. 2 new games july ps4 Trackback en septiembre 15, 2014 en 11:16 am

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